Concierto de los Parrandboleros en la Plaza del Belluga. 5-6-15

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La verdad es que pillé este concierto con ganas. Por razones de trabajo no pude asistir al último concierto de los Parrandboleros en el Teatro Romea y, según me han contado, fue uno de los mejores que han dado estos artistas murcianos, aunque esto es algo que siempre se dice porque los acabas de escuchar, sales entusiasmado y te parece que ha sido el mejor. Bueno, consideraciones aparte, el concierto era a las 9 y yo a las 7,30 estaba ya allí, cogiendo sitio. Y no me aburrí, porque los Parrandboleros estuvieron probando sonido y resultó muy instructivo ver estos prolegómenos que siempre preceden a un concierto. En este caso, podemos decir “a un gran concierto” y, además a beneficio de Cáritas. Son ya varios los conciertos benéficos que han dado los Parrandboleros, siempre están dispuestos a echar una mano cuando se les necesita, su generosidad está a la altura de su arte.

A las 9 de la noche la Plaza del Belluga estaba llena de gente, “abarrotá”. Los focos llenaron de luz y color la fachada de la catedral y los Parrandboleros comenzaron a salir ordenadamente al escenario: primero los músicos y después las voces:, bajos, barítonos y tenores. Verlos salir me produce siempre cierta emoción, salen serios, conscientes de su responsabilidad. Salen como los toreros, haciendo el paseíllo y pensando en la faena, el Belluga no es una plaza para faenas de aliño. Cada uno ante su micro, se dan ánimo con las miradas. Suenan las primeras notas, comienzan a cantar, se relajan; a mitad de canción ya están todos bailando y cuando acaban, el público los aplaude entusiasmado. En el Belluga están de nuevo los Parrandboleros y vienen a dar otro concierto memorable.

No puedo entrar a describir cada una de las canciones que cantaron, aunque cada una de ellas se merece los mejores elogios, pero sí diré que fue una noche preciosa. Recuperaron canciones de su primera época como es “La mujer que yo quiero”, de Serrat, y “Yo vi llorar a Dios”, que llevaban muchos años sin cantar. Y vinieron con dos temas nuevos, uno de sello propio, compuesto por el director musical, Agustín Sánchez, “La cumbia del cupón”, un tema muy Parrandbolero, alegre y desenfadado, que hasta parece que ponen cara de traviesos cuando lo cantan. El otro se titula “El Beso” y simplemente me encantó. Los arreglos del tema, según dijo el presentador, los hizo para el grupo un músico argentino después de escucharlos en el “Festival de Cosquín”. Se nota que es un tema difícil y seguro que les ha costado muchos ensayos, pero ha merecido la pena que lo incorporen al repertorio.

La última canción que cantaron no fue la tradicional “Ayer” con la que siempre suelen acabar con el público puesto en pie. Terminaron con “Me voy p´al pueblo”, una canción de ritmo sencillo y pegadizo que todos acabamos cantando, también de pie, entre largos aplausos y gritos que pedían alguna canción más y, a ser posible, “La Parranda”.

Los Parrandboleros ocuparon de nuevo sus sitios, hubo unos segundos de absoluto silencio y los primeros compases del “Bolero a Murcia” comenzaron a sonar en la Plaza. Ese fue el principio de un final de concierto apoteósico. El director musical invitó al público a cantar el estribillo y miles de gargantas hacían que aquel ….Murcia, cachito de cielo… sonase igual que un himno. Acabó el bolero, e inmediatamente comenzaron “Las coplas murcianas”, un pasodoble de la tierra, del que los Parrandboleros son coautores y con el que elevaron el entusiasmo del personal a cotas indecibles. El éxtasis llegó cuando acabaron “Las Coplas Murcianas” y sin apenas transición comenzó a sonar “La Parrada”. Es indescriptible lo que se vivió en esos momentos. Los Parrandboleros consiguieron generar un sentimiento colectivo de identificación con Murcia que cuando se produce en ambientes religiosos se le llama misticismo. Quizás lo que acabo de decir a alguno le pueda parecer una exageración, pero escuchar a los Parrandboleros en la Plaza del Belluga es de las cosas más grandes que pueden suceder en nuestra ciudad. Para mí, el final del concierto, con esos tres bises dedicados a Murcia, me emociona tanto como cuando veo a la Fuensantica cruzar el Puente Viejo camino de su santuario o cuando veo al Cristo del Rescate desfilar delante de la Catedral.

 

 
 
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